jueves, 6 de agosto de 2015

Pompeya, la capital del sexo y la lujuria

Sexo, perversión, lujuria, infidelidades, son algunas de las cualidades menos conocidas de Pompeya. Si por algo ha sido famosa esta ciudad romana es por ser las ruinas mejor conservadas de todo el Imperio gracias a que estuvo bajo un manto de lava durante 17 siglos, protegida de las inclemencias del tiempo y de la mano destructiva de un ser humano que ahora conoce mejor su pasado gracias al fatídico Vesubio.
Corría el año 79 de nuestra era cuando el Vesubio, un volcán poco conocido en su época, comenzó a echar humo. Los pompeyanos siguieron con sus actividades puesto que no era la primera vez que salían humaredas negras de su cima. Pero esta mañana del 24 de agosto fue distinta. Pronto una fina lluvia de ceniza casi imperceptible dio paso a unas piedras volcánicas algo más grandes. Las temidas piedras pómez, de varios kilogramos de peso no tardaron en aparecer. Cuando los ciudadanos romanos intentaron huir era demasiado tarde, prefirieron no salir por temor a ser aplastados por esas piedras llovidas del cielo. Los vapores de azufre hicieron el resto. La ciudad quedó sepultada bajo toneladas de ceniza. El olvido se cernió sobre ella hasta el siglo XVIII.
Con el paso de los años la excavaciones han mostrado calzadas intactas, el sistema de alcantarillado, dos teatros, panaderías, viviendas unipersonales, ínsulas ( edicifios), termas. Una auténtica joya para los historiadores. La mismo tiempo han confirmado lo que ya se observaba en otras construcciones romanas y en los escritos: el deseo desenfrenado por el sexo de nuestros antepasados.
Pompeya es un museo sexual propiamente dicho. Su lupanar ( prostíbulo) además de ser uno de los mejor conservados, es de los más grandes del imperio para una ciudad que contaba con unas 8000 personas. En las esquinas y paredes de toda la ciudad han quedado grafitis ( los romanos eran muy activos en el tema de las inscriociones con pintura) con referencias sexuales tipo "Et quiscripit felat" ( el que escribió la chupa) o "Secundus felator" ( no es necesaria la traducción) 
Más allá de las inscripciones, el sexo se respira por toda la ciudad. Numerosos penes se encuentran tallados en las piedras que confeccionan la calzada apuntando la dirección en a seguir para llegar  al prostíbulo, pero las tallas sexuales no se detienen allí. En la fachada de cualquier panadería se podía encontrar un atributo masculino, lo que denota que era algo normal para los romanos-pompeyanos. Amuletos de penes con alas eran colocados detrás de las puertas para anunciar la llegada de alguien a casa.
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Las pinturas con sexo implícito no solo se limitaban a las paredes del burdel. Era muy del gusto pompeyano hacer un fresco "subidito de tono" en la pared del dormitorio. Era algo normal, practicado sin pudor y con múltiples parejas, porque eso sí, los romanos eran románticos, pero libres para el sexo puesto que la infidelidad más allá de estar mal vista, era considerada casi como una virtud.
Es posible que en otras ciudades romanas el sexo jugase el mismo papel puesto que Pompeya ha permanecido intacta y el resto de ciudades están muy deterioradas, pero el número de referencias sexuales en Pompeya parece mayor que en otros lugares, de ahí que la ciudad napolitana sea considerada la primera capital del sexo.

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