Bien es verdad que una vez pasados 10 días desde las elecciones he podido ver que algo sí que ha cambiado en Cataluña y es posible que hasta los propios radicales independentistas lo vean y es que aunque hayan vuelto a tener mayoría absoluta, se han dejado unos miles de votos y siguen sin tener esa amplia masa social que según ellos tenían para proclamar la muy renombrada República. Es verdad que un 47% del electorado ha elegido a un partido secesionista, pero un 53% no lo ha hecho.
Otro cambio, quizás el más importante, es que las elecciones realmente las ha ganado Ciudadanos, un partido creado hace una década y que ha conseguido más de un millón cien mil votos, algo inimaginable para los del Junts per Cataluña o Esquerra. Si bien podrán gobernar estos últimos, pero miran hacia arriba en la tabla de votos y no hacia abajo como en los últimos 35 años.
Es posible también que los independentistas hayan aprendido la lección, pues Junqueras sigue en la cárcel y Puigdemont, demostrando su cobardía, sigue huido en Bruselas. El primero esperaba arrasar en las elecciones con el discurso de la pena carcelaria. El Segundo se ha encontrado la posibilidad de volver a ser elegido presidente pero con un pequeño problema. Para serlo debe volver a España y en el momento en el que pise suelo español será detenido. Por eso pide que no haya sesión de investidura sino que el gobierno rectifique y lo nombre automáticamente "presidente de un región española" como dijo el otro día el expresidente huido.
Por último pero no por ello menos importante es Tabarnia, esa broma que empezó siendo eso y que ahora se ha convertido, gracias a la vitalidad de las redes sociales, en el azote de los independentistas, pues les plantea los mismo argumentos secesionistas de base ( aunque realmente Tabarnia si que tendría encaje ( muy complejo y forzado) dentro del marco constitucional a diferencia de la República) . Pero me quedo con el hecho de que un grupo de habitantes de Barcelona y de Tarragona, cansados de los independentistas estén poniendo nerviosos hasta a los más radicales de la CUP. Ahora, cuando un independentista enarbola la bandera de la libertad y de la democracia, cualquiera le puede responder que los habitantes de Barcelona y Tarragona no quieren estar con ellos y si con el resto de españoles ( resultados electorales en la mano).