Ni el Ebro es el Rubicón, ni aquí va a haber guerra de ningún tipo, pero esta semana desde Cataluña se ha cruzado el rubicón, aquel que marca que las posturas se han radicalizado y la manifestación pacífica de un deseo independentista, ha llegado a los extremos que los políticos incompetentes catalanes desean, al radicalismo visceral.
Desde hace varios años en los círculos políticos catalanes estaba instaurada la teoría del todo vale pues somos los oprimidos. Con esa excusa han bordeado la ley e incluso saltado a su antojo. Cuando las leyes, que para eso están, han cercado sus movimientos, ha llegado el radicalismo más repugnante, aquel que busca la exaltación de las masas, para pasarles a ellos la patata caliente. Recuerdo como hubo algunos innombrables del siglo pasado que usaron esas tácticas.
El relato, casi desgarrador, de la fiscal jefe de Barcelona Ana Magaldi ha transgredido lo permitido. Que una persona, solo por hacer su trabajo, sea insultada al grito de mierda, fascista y cosas de ese tipo rompe con toda la lógica. Las posturas han llegado a tal punto que estas personas, espero que unas pocas y que no sirvan para generalizar a todos los catalanes respetables, han llegado a apropiarse de lo que no es suyo, pues que a un ciudadano español y catalán le exhorten que se vaya de Cataluña, demuestra varias cosas, pero algunas inciden directamente en el nivel de inteligencia y de educación de los políticos y de este minúsculo pero sonoro reducto de la respetable sociedad catalana.
PD: el gobierno catalán defiende a los insultantes pues dicen que la culpa es de la fiscal por acusar a Mas.